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viernes, 23 de mayo de 2008

De clases y sueños

Por si alguien no se ha enterado, este viernes y el anterior hemos realizado unas jornadas de animación a la lectura en el instituto Huelin de secundaria.

La verdad es que el viernes pasado yo al menos fui hecha un flan de nervios. Habíamos preparado una serie de fragmentos de obras de Tolkien para leerlas de forma dramatizada, pero aunque sea algo que ya hemos hecho, era la primera vez que se iba a representar para un público escolar, en un centro de educación y no en salones del manga y cosas por el estilo, así que la recepción de gente que va porque quiere ir y si no le gusta se larga y la de quien tiene que estarse toda la hora en clase es muy distinta, sobre todo con críos que difícilmente habrían leído nada de Tolkien antes y por edad casi que ni visto las pelis.

La experiencia fue sorprendente. Solo uno había escuchado hablar de Tolkien, aunque no supo aclarar si había leído algo o se había quedado en los juegos de ordenador y las pelis, y la mayoría de los niños comenzaron con un rechazo radical a la lectura, pero precisamente la chavala que más había hablado en contra de leer, fue la primera en preguntar que cuando les dejábamos leer a ellos.

Eso casi fue un shok.

Que los más gamberros pasen de imitarte por lo bajo a pedir silencio a los compañeros para escucharte mejor ya SÍ fue un shok.

Que tras sonar la campana, con una lectura a medias, pidiesen terminarla en vez de largarse y tener un rato de descanso o repaso entre clase y clase 8luego tenían examen) ya ni os cuento.

Salieron de tal forma que la profesora nos trincó antes de irnos para preguntarnos que qué íbamos a hacer el viernes siguiente (hoy), nos presentó a la directora del centro y ésta nos planteó que un profesor del instituto de Gaona se había enterado de nuestra actividad y quería que la llevásemos al suyo. He de decir que salí de aquella clase más ancha que alta.

Tras decidir las actividades que haríamos fuimos ayer a llevárselas para que pudiese repartir fotocopias a los chavales, y tras dos horas de charla le comentamos que vamos a empezar los exámenes y no podríamos alargar más las colaboraciones ni hacerlas en otros institutos. Se mostró de acuerdo, pero insistió en la idea de hacer de todo ésto una actividad extraescolar por las tardes en el centro.

Hoy ha sido una pasada.

Los niños no solo han pedido leer, (a alguno le hemos empujado un pelín, pero hemos encontrado enanos suficientes XD) y eso de los pasatiempos les ha vuelto locos. La profesora comenzó diciendo que les iba a incentivar con puntos positivos en la asignatura si acertaban las cosas, pero no ha podido, porque era imposible llevar la cuenta de quién hablaba. Se apelotonaban las manos alzadas, se les escapaban las respuestas, salían a la pizarra como resortes a poner las soluciones y hasta se apelotonaban a la hora de responder a preguntas sobre las actividades (¿pero esos diamantes qué eran? - ¡yo lo sé, yo lo sé, el tesoro del dragón ese! - ¡no, no no, son los botones del chaleco del que habla Bilbo!)

Indescriptible.

Como este es mi blog, no es un foro de la STE ni nada oficial, no voy a hablar de postura smialica, sino de lo que eso ha sido para mí. Y ha sido algo importante.

Yo empecé Biología porque tenía claro que quería dar clase en instituto, y era mi asignatura favorita. Pasé a Hispánicas sin el mismo convencimiento de "favorito" pero con la misma meta, y en el camino esa meta se me perdió. El camino se complicó con la salud, el tiempo pasó y simplemente me veo vieja para estar esperando oposiciones, no tener plaza y rodar de pueblo en pueblo hasta Dios sabe cuando.

Pero cosas como las de hoy me recuerdan qué inició esa mecha.

He de decir claramente que he disfrutado, que he disfrutado muchísimo con los niños, al moverme entre ellos, al hacerles participar, al ver sus caras, al verles divertirse con nosotros... Simplemente que un chaval que no ha hecho nada en todo el curso haya trabajado con nosotros y la profesora se acerque asombrada a decírmelo... eso lo paga todo, los nervios, el trabajo, todo.

Y me he acordado de mi padre, y de mi madre, y de sus experiencias y de mi hermano que ya da clase...


Solo con que uno de esos niños se pregunte como sigue alguna de las historias que les hemos mostrado todo ésto habrá valido la pena. Es la puerta de los sueños.

viernes, 25 de abril de 2008

Día del libro 2008

Había una vez un smial en un lugar muuuuuy muy lejano, en el recóndito Sur. Allí, lugar de gentes extrañas, tuvieron la peregrina idea de conmemorar una celebración aún más extraña en nombre de algo que todos conocen como estupendo objeto de decoración (si tiene los lomos a juego con las cortinas) , el libro.

Ese día se reunieron en una tetería, montaron un pequeño escaparate con dichos raros objetos de distintos autores, y entre tés, batidos y demás viandas comenzaron el ya perdido rito de abrir esos objetos de decoración ¡y leerlos!




¡Pero no solo se conformaron con el acto ya sacrílego de abrir aquellos decorativos y monísimos libros con otro menester que no fuera el de estar en las estanterías (o calzando una mesa coja, que bien pueden valer para eso) sino que compartieron entre sí ¡párrafos y párrafos de lo que estaba escrito entre sus páginas! Porque sí, queridos míos, dentro de las páginas de un libro ¡hay letras! ¡y frases! ¡y también historias que luego puede usar la industria del cine para convertir en películas!


Así estos extraños personajes desgranaron fragmentos de Oscar Wilde, de Pedro Muñoz Seca, de Shakespeare, de Tolkien, e incluso algunos autores más.


Elessar, por ejemplo, se muestra aquí muy feliz haciendo voces de troll.










Tindo, seguido de su paladín, leyó atentamente múltiples fragmentos, pero Dwalin ganó en bizarría a todos tanto con el sentido poema The Oliphant o con el estremecedor relato de la Nirnaeth Arnoediad, en la que derramamos innumerables lágrimas, sí, como jamás se derramaron ante esa lectura. Jamás de los jamases fué algo tan... tan... esto... vale, quienes conocéis a Dwalin, y solo vosotros, podéis llegar a imaginarlo.


Y para finalizar una imagen de los dos tardones de la tarde, Elerien (por el bien justificado motivo de que su padre presentaba su nuevo objeto de decoración casera-calzador de mesas, del que gentilmente compartió un fragmento con nosotros) y Feadûr, ilustre secretario despistado y desbordado por las obligaciones...















Otro año más ^^

viernes, 26 de octubre de 2007

Otro día más

Al final poco a poco voy volviendo a la rutina.

El tobillo, gracias a Dios, cada día molesta menos, y ya no cojeo casi (excepto cuando llueve ¬¬) Eso sí, estoy loca porque no tengo zapatos que ponerme. Aún está blandita la herida y si me roza algo molesta, y si un zapato roza constantemente... antes lo arreglaba a base de chanclas ¡pero hace frío! y lo de ir con calcetines y chanclas no es para mí, me temo XDDDDDDDDD

Ya he faltado a algunas clases (por eso de la normalidad) y todas las veces ha sido por quedarme dormida ¬¬ ¿Y por qué me quedo dormida? porque no soy capaz de dormirme antes de las cuatro de la mañana, y cuando el despertador suena a las siete menos cuarto... pues ni me entero. Resulta curioso cuando me tomo la pastilla para dormir con una tila doble y ni por esas... yo creo ya a estas alturas que ni dándome un martillazo en la cabeza :S:S
Y claro, el bendito móvil con la alarma a las siete menos cuarto, y yo que lo apago mientras sigo durmiendo y que me pierdo las clases :'(

Al menos me ha servido para leer como una mala bestia El expediente del náufrago y Cinco horas con Mario, las dos obligatorias para Novela, y comenzar con La sonrisa etrusca, también obligatoria para la misma asignatura.

Eso de leer a toda marcha y por obligación nunca me ha gustado, pero he de reconocer que si no fuese por ese imperativo probablemente con el expediente del náufrago hubiese cometido ese delito de dejarlo a medias, y no habría sido bueno, y eso en el hipotético caso de que me hubiese decidido a comprarlo, claro.

No es una novela que me haga perder el sentido ¡ni de lejos! pero he de reconocer que poco a poco me ha ido enredando en su mundo marchito, oculto, abandonado, en busca de la estela de un fantasma.

De Cinco horas con Mario mejor ni hablar. Es una novela que me ponía de mala leche, oye, qué le voy a hacer... y vale que es de Delibes, que vale que técnicamente y que tal y que cual, ¡pero es que me encendía según iba leyendo! Y otra que el final te hace "cronch", igual que la anterior, aunque cada una a su modo y con distinta intensidad...

La sonrisa etrusca, sin embargo, me ha atrapado desde el principio. Poco a poco seguiré asistiendo a esa relación tan tierna del abuelo con su nieto en una ciudad agresiva con todos.

En fin, ya veis, he vuelto tan a la normalidad que hasta estoy leyendo de nuevo ¡aunque sea por obligación!